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Virgilio y la Eneida

(Aula de Latín)

El Aula de Latín es un Proyecto dirigido por Pedro Cano en la Universidad de Barcelona. Los contenidos que aquí se reproducen son de sus autores. Se utilizan exclusivamente con fines didácticos.

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Biografía

Virgilio nació en Andes, cerca de Mantua, y estudió en Cremona, en Milán y en Roma. Dio algunos pasos en la carrera de abogacía, pero la dejó correr prontamente y regresó a su casa (44-43). Adquirió fama en su región como poeta, pero no tuvo tiempo de establecerse, ya que una expropiación en beneficio de los veteranos de Augusto lo privó de su propiedad. Por suerte disponía de amigos, como Alfeno Varo y Cornelio Galo, que le introdujeron en el círculo de Polión, de Mecenas y, en definitiva, del emperador, situación que le permitió dedicar toda su vida a su composición literaria, especialmente sus últimos diez años, en que compuso la Eneida. Cuando tenía cincuenta años y ya llevaba diez trabajando en este poema épico, quiso visitar las sedes homéricas, pero su salud no soportó una insolación cogida en Megara. Aunque volvió rapidamente a su Italia natal, no llegó a Roma y murió en Brindisi el 21 de Septiembre del año 19 aC.

Obra

Escribió diez Églogas, poemas bucólicos de extrema sensibilidad y armonía; cuatro libros de Geórgicas, poemas didácticos, dedicados a los campos, a los viñedos y árboles frutales, a los rebaños y a las abejas respectivamente.
Virgilio demostró que era posible crea una gran obra con la más depurada perfección formal. Frente a la posibilidad de componer un poema panegírico de la época de Augusto optó por el poema épico nacional, que retomaba la tradición de Enio y la técnica narrativa homérica. Alrededor de Virgilio se daban las condiciones para que naciese una epopeya: que un pueblo tome conciencia de un pasado glorioso; que tenga sentido de la historicidad y que haya un poeta listo para reflejar ese estado de las cosas. Fue, pues, la persona adecuada en el momento adecuado.

Bibliografía

Aunque las fuentes son bien diversas y también los modelos, es mérito virgiliano saber ligar todas estas variables en un estilo personal que conjuga ética y estética con la técnica dramática y el rigor y la creatividad lingüísticas. Así destaca en la fluidez de las narraciones y en el sentido pictórico de las descripciones. Por ejemplo, en el canto sexto, cuando Eneas ve una extraña imagen de pueblos alrededor de un río (6, 703-709), y Anquises le explica que son las almas que esperan la reencarnación, encontramos esta descripción de un paisaje insólito:
Interea uidet Aeneas in ualle reducta seclusum nemus et uirgulta sonantia siluae, Lethaeumque domos placidas qui praenatat amnem. Hunc circum innumerae gentes populique uolabant, ac uelunt in pratis ubi apes aestate serena floribus insidunt uariis et candila circum lilia funduntur, strepit omnis murmure campus.
Ve después Eneas en un valle apartado un bosque reducido y matojos que agita el viento, y el río Leteo, que baña la placida residencia. A su alrededor, razas y pueblos sin número hierven, como en los prados las abejas en la serenidad del verano se posan en las flores variadas, y alrededor de los blancos lirios revolotean, y con un murmullo todo el campo tiembla.
Sorprende igualmente la composición brillante de los discursos, esenciales en la épica, y también los diálogos esporádicos, que no por ser líricos pierden fuerza en el conjunto. Leemos, por ejemplo en boca de Dido (4, 304-308):
Dissimulare etiam sperasti, perfide, tantum posse nefas tacitusque mea decedere terra? nec te noster amor nec te data dextera quondam nec moritura tenet crudeli funere Dido?
¿Pero has esperado que podrías disimular, pérfido, tan grave sacrilegio y dejar en silencio mi casa? ¿Ni nuestro amor ni la mano que te tendí un día ni la muerte cruel que a Dido espera no te detienen?
Precisamente, una de las originalidades virgilianas radica en su habilidad en la descripción de personajes. La tradición destaca el de Dido, una especie de concentración de caracteres de heroína trágica, parecido a las protagonistas de los Epyllia y destacada entre ellas. También Turno -elegido como antihéroe- ha de sucumbir al destino de Eneas en un final que parece de tragedia (12, 637 ss; 4, 534 ss.). Cada personaje o grupo de personajes representa su simbología. Así Camila, la virgen guerrera, de raíz amazónica, o el viejo Evandro, conmovido por la muerte del joven Palanto. O el viejo Anquises y el joven Julio, que denotan, con Eneas, la importancia de la pietas romana, que relaciona los miembros de una familia, pero también los de un mismo clan, y a los ciudadanos coin su patria, como se ve en la concisa invocación que realiza Anquises (3, 263-266):
Et pater Anchises passis de litore palmis numina magna uocat meritosque incidit honores: 'di, prohibete minas; di talem auertite casum et placidi seruate pios'.
Y el padre, Anquises, extendiendo desde la playa sus manos invocó los númenes y les ofrendó los honores que merecían: 'dioses, alejad el peligro que nos amenaza; dioses quitadnos de encima tanta desgracia y, aplacados, guardadnos pues somos piadosos'.
Están representados también todo tipo de tópicos sociales y culturales como el tirano que personifica Mecencio o la relación homosexual de ascendencia griega en lo personajes de Niso y Erialo.
Cuando murió el poeta, la obra no estaba completamente acabada. Parece ser que el quiso que se destruyera el manuscrito, pero Augusto decidió que la obra se conservase y fuese publicada.

Eneida

Virgilio hizo exactamente lo contrario que los neoteroi. Decidió buscar la epopeya, sin perder la conciencia nacional, la independencia creativa ni la perfección técnica. Así la relación con Homero estriba sobre todo en la forma. La interpretación homérica debe hacerse en función de la historia que relata. La narración Virgiliana siempre hace referencia a la situación política. La Eneida ha sido definida como el relato de una aventura deseada por fuerzas superiores -Júpiter, el destino- para lograr la grandeza de Roma mediante la elección de un héroe llamado a ese destino. Contiene, pues, elementos propios originales que la separan del modelo griego y de sus antecesores latinos: es de hecho un género nuevo. En esta decisión maximalista incluyó también la intención de relatar grandes momentos de la historia romana. Escogió a Eneas como protagonista y el método de incluir profecías de vez en cuando para referirse a grandes momentos de la historia romana, que naturalmente daban lugar a hacer la correspondiente loa de Augusto, presentado como culminación de toda al historia de Roma en las visiones proféticas (1,286-296; 6,788-807; 8,671-728). Siguió una estructura homérica con 12 libros de los cuales los seis primeros tienen como modelo la Odisea, y los seis siguientes la Iliada, aunque las dos partes presentan una clara continuidad narrativa y ambas partes mantiene la idea homérica de la ira como motor de la acción, en este caso la ira de Juno; una ira que se manifiesta al principio de la obra (1,223-296) y se aplaca al final (12,791-842). La estética concéntrica, que también se puede ver en Catulo, es aún más sofisticada en Virgilio, que la aplica en la disposición del relato en sus libros. Así los seis primeros subagrupan su contenido en dos partes. Por un lado los cuatro primeros explican la aventura en África, donde llegan a causa de una tempestad causada por la ira de Juno (libro 1) al final de los cuales (libro 4) se desarrollan los amores de Dido y Eneas, rotos por órden expresa de Júptier. Eneas marcha y Dido se suicida. El libro 1 y el 4 abrazan el contenido del 2 y el 3, que tratan la caida de Troya y el destino heroico de los fugitivos (libro 2) y las aventuras mediterráneas hasta llegar a Sicilia (libro 3). En esta parte vemos al héroe separándose de su destino. Después, en los libros 5 y 6, Eneas vuelve al cumplimiento de ese destino. En el libro 5 vuelve a Sicilia. Después de un incendio en las naves, provocado por Juno, Anquises, el padre muerto, pide en sueños a Eneas que le vaya a ver al infierno, cosa que el hace (libro 6) con la ayuda de la sibila de Cumas. Después del contacto con su padre, Eneas está preparado para la peripecia bélica que deberá enfrentar en el resto de la obra. Esta segunda parte empieza en forma inversa a la primera parte con la asociación de los libros 7 y 8, que presentan la preparación y el estallido de la guerra, frente a los 9-12, que tratan su desarrollo. En esta parte del anillo central de la obra es donde Virgilio se extiende más en la descripción de la tierra itálica, de los pueblos que la habitaban y de sus costumbres (libro 7); y sigue con la descripción de las tierras que albergaran Roma y un resumen de lo que será la historia de Roma, de Rómulo a Augusto, descrita en el escudo que Venus ofrece a su hijo (libro 8). Los cuatro útlimos libros describen batallas: unas delante del campamento troyano, asediado en ausencia de Eneas y liberado a su regreso (libros 9-10); el combate definitivo delante de la ciudad del rey Latino... Todo, por tanto, es una estructura perfecta con constantes avances y retrocesos, que basa en las simetrías el equilibrio narrativo.